El Mazapán

Como nos cuenta Maria Elena Schlesinger en su columna de El Periódico (del 25 de febrero del 2019) “Durante la época de la colonia, el poblado de Amatitlán fue muy importante, no solo como ruta obligada de la costa a la ciudad de Santiago, sino especialmente por los cuatro ingenios y trapiches de azúcar que […]

Como nos cuenta Maria Elena Schlesinger en su columna de El Periódico (del 25 de febrero del 2019) “Durante la época de la colonia, el poblado de Amatitlán fue muy importante, no solo como ruta obligada de la costa a la ciudad de Santiago, sino especialmente por los cuatro ingenios y trapiches de azúcar que fundaron los padres dominicos en la región: Molino, Donis, El Rosario y la Compañía .
A diferencia de la dulcería que se desarrolló en la ciudad de Santiago, asociada a la conventual: manjares hechos a base de leche cocida, yemas horneadas, mieles de abeja y claras súper batidas en forma de suspiros y turrones, platillos muy sofisticados y exquisitos, la dulcería amatitlaneca tiene su gracia y encanto por ser más azucarada y vasta, en donde el ingrediente primordial y más sensible es el azúcar y sus derivados, como la rapadura o piloncillo y las mieles muy negras de caña, logrando platillos muy dulces mezclados con coco, naranja, piña, ajonjolí, pepita o pepitoria, por ejemplo”.
Uno de esos dulces productos famoso en Amatitlán fue el Mazapán de Cajeta, elaborado con pepitoria, que son semillas de un tipo de calabaza, muy nutritivas y de uso ancestral, pues los mayas las empleaban también en su alimentación y son un ingrediente primordial de la gastronomía guatemalteca.
¿Por qué la cajeta? Porque no había frascos, si los había, eran muy caros pues eran un producto de ultramar. Las cajetas servían para envasar jaleas, mermeladas y diferentes “Antes” (otro tipo de preparación que merece un capítulo aparte) o para vender finas especies. Se elaboraban con madera de jocote -para el fondo y la tapa- y con orilla de madera de balsa. Las habían de diferentes tamaños, de real o de medio real según el valor de su contenido, o la “chiricita” que era la más pequeña.
Chapín que se respeta sabe cómo comerse el Mazapán de Cajeta, sin cuchara desechable ni nada de eso, bien ecológicos y prácticos, rompemos la tapa en dos y con eso disfrutamos este delicioso Mazapán de Cajeta que nos recuerda cuanto gozamos en ferias o de nuestras idas a Amatitlán.
Hoy Usted puede encontrarlo en Guatelaria, fresco, recién hecho, porque deseamos conservar nuestras deliciosas tradiciones.
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